Visitas culturales

RUTA CIDIANA

Quebraba la aurora por el horizonte, a la hora de Prima, cuando las huestes cidianas madrileñas, con un poco de retraso, por causas muy diversas, desde el número “40”, perdido pero al fin hallado, iniciamos la cabalgata hacia la primera plaza fuerte del reino cristiano. ‘Troçimos’, sin altercado alguno, las peligrosas tierras de nadie de la Extremadura Castellana y arribamos a San Esteban de Gormaz. Allí nos esperaban los sanestebeños, que “muy mesurados son”, y que ataviados a guisa medieval nos obsequiaron con una erudita exposición del infanzón Vidal Lamata sobre uno de sus paisanos –que, por lo visto, pudo ser el autor del célebre Cantar-, al que se le nombró repetidas veces, pero que no conocimos personalmente porque no hizo acto de presencia. Después, pudimos contemplar una magnífica farsa musical de dicho cantar, llevada a cabo por un grupo de infantes. A continuación, a la hora deNona, nos condujeron en peregrinación a Ntra. Sra del Rivero, donde contemplamos las maravillas escultóricas, pictóricas y arquitectónicas de la iglesia.

De allí, nos llevaron a celebrar reunión concejil en el extraordinario pórtico arconado de la iglesia de San Miguel –uno de los más antiguos de Castiella-, donde fuimos armados caballeros colectivamente, en extraño ceremonial. Luego, ya armados caballeros, pudimos contemplar las obras artísticas que el museo encierra.

A la hora de Laudes la hueste cidiana, en segunda jornada, se desplazó a yantar al Burgo de Osma. Terminada la colada, que no la Tizona,  nuestro insuperable adalid, Jesús de Blas, nos llevó a la Catedral. Allí contemplamos, extasiados, maravillas tales como un Beato de Liébana, el increíble sepulcro del obispo don Pedro, el claustro y la afamada sacristía.

A la hora de Vísperas, nos desplazamos al castiello de Gormaz, por ver si encontrábamos allí a su alcaide, D. Rodrigo Díaz del Vivar. Pero lo que encontramos en su lugar fue a un madurito juglar con su barragana –flor de la sierra castellana y de los montes de León-, que nos ofrecieron una representación “sui géneris” de la Afrenta de Corpes.

Por último, mientras caía la tarde, nos encaminamos a Medina (Medinaceli), desde donde, una vez  “aliviados”, partimos hacia Madrid, donde, aunque la cabalgadura estaba al límite, llagamos en buena hora.  Tras ‘fincar’ de nuevo las tiendas, nos fuimos a dormir “en brazos de nuestra o nuestro amante.”, el que oviere, claro está.  Las coplas deste cantar | aquis van acabando: ¡El Criador vos valla | con todos los sos santos!