Un anuncio para una nueva visión del mundo: los ‘Caprichos’ de Goya

Por Javier Fernández Delgado, 2 de marzo y 1 abril 2022.

Justo doscientos años después, los investigadores Stoichita y Coderch (1999) expusieron el hallazgo de que el anuncio de los Caprichos de Goya se había difundido en una fecha cuidadosamente escogida, un Miércoles de Ceniza, con luna nueva (luna negra, como la del Entierro de la sardina), fecha que indicaba el fin del Carnaval y el comienzo de la Cuaresma, un día como hoy, miércoles 2 de marzo de 2022. Ayer fue Martes de Carnaval, al que Valle-Inclán dedicó una trilogía de obras teatrales. Nos viene a la memoria la frase de Luces de Bohemia, que enlaza a ambos autores:

BVMC, 2017 [1924].

Tal fecha señalada de hace 223 años fue un día enormemente simbólico, si no en el sentido anterior, quizá cogido por los pelos (Andioc, 2003), desde luego sí en otros: acaso constituyó un final, o acaso fue un comienzo, aunque fruto de un desengaño (Fernández Delgado, 2016):

«─Pues es algo a examinar con cuidado, porque hay quien afirma que existe una correspondencia total y los Caprichos son la culminación del sueño reformista ilustrado oficial del que el anuncio es expresión formal, y hay quien afirma que son precisamente su final, porque alumbran un mundo de pesadilla que no cabe en el sueño de la razón, y, por tanto, Goya va mucho más allá con sus imágenes de lo que insinúa el anuncio. ¿A que no podían ser interpretaciones más opuestas? Pues como las del Capricho 43, El sueño de la razón produce monstruos, que nunca se acaba de exprimir su significado textual ni visual: ¿las pesadillas y los monstruos son consecuencias del despiste de la razón o son hijos de sus excesos? ¿Necesitamos más razón o menos? Lo más sorprendente de todo es que ambas líneas de interpretación conviven en las intenciones de Goya y es posible que sean ciertas a la vez. Muestra, por una parte, su desconfianza en el ser humano, por otra, su optimismo sobre los ideales ilustrados, como señala Carrete.»

El anuncio original en el Diario de Madrid va sin firma, pero los estudiosos han reconocido tanto la autoría intelectual de Goya como la pluma de Leandro Fernández de Moratín, su amigo, con quién compartía ideales, aunque también mantenía señaladas diferencias que hacen de este un ilustrado arquetípico, y de aquél un contemporáneo nuestro, y de nuestras pesadillas. Goya tiene entonces 53 años y Moratín 39, y el pincel del primero los retrató a ambos así por esas mismas fechas. Y también pintó a Jovellanos, de 55, amigo de ambos, durante su breve época como ministro, una cumbre absoluta del género pictórico.

El texto que leyeron los contemporáneos se publicó en un periódico, una método de difusión innovador que se estaba consolidando en esos años: en Diario de Madrid, miércoles 6 de febrero de 1799, hoy en línea en la Hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España. Escribe Helman (1963):

«Hay que ver estos Caprichos contra el trasfondo del nuevo periodismo del siglo XVIII —el Diario de Madrid y El Correo de los Ciegos de Madrid entre otros— y de la nueva clase media de suscriptores y lectores de periódicos; es posible que sin este nuevo ímpetu y medio de comunicación, no se le hubiera ocurrido a Goya grabar una serie de estampas satíricas

El texto solo ocupa algo más de una página, pero su potencial es extraordinario.

El texto es muy hermoso y programático, casi un manifiesto, como los que se harían un siglo después, y discute las relaciones entre razón y fantasía, el poder de la invención más allá de la imitación de lo existente, la reivindicación de la originalidad. Unos días después se repetía el anuncio, pero con un texto más breve y en la última página, ahora de la Gazeta de Madrid, que con el tiempo dio lugar al Boletín Oficial del Estado. La síntesis reúne toda la potencia del primer anuncio. No olvidemos que «Es de subrayar que siempre que hablamos del significado de los Caprichos y de sus fuentes hablamos de literatura.» (Vega, 2002). La máxima clásica horaciana Ut pictura poesia erit ─la pintura es poesía muda, a la vez que la poesía es pintura que habla─ alcanza con Goya un significado nuevo, porque es ahora la imaginación la que gobierna (o desgobierna) y la fealdad puede ser otra forma de belleza, para la que acaso haya que inventar palabras que no existen todavía y que las imágenes, sin embargo, ya son capaces de mostrar. Literatura y pintura, texto e imagen, aparecen estrechamente unidos, más aún de lo que se pensaba, como veremos.

Gazeta de Madrid, martes 19 de febrero de 1799, en BOE.

Goya decidió vender sus colecciones de 80 estampas, a las que llama libros, en esa tienda de perfumes y licores de la calle Desengaño (¿otro guiño en el nombre?), cerca de la casa en que vivía, donde creía librarse de los controles de los libros que se comercializaban en las propias imprentas, librerías y estamperías (Vega, 2002). De los Caprichos se vendieron solo unos pocos ejemplares y el propio Goya los retiró de la venta, y las láminas grabadas y las colecciones sin vender las regaló al Rey, para protegerse de las indagaciones del Santo Oficio y del gobierno más conservador, en una coyuntura política muy diferente a la que vivió cuando elaboró los dibujos y comenzó el grabado de los mismos, que le obligaba a ser más precavido y a oscurecer sus significados directos. Los letreros grabados goyescos, las leyendas, que acompañan a los Caprichos más que aclarar sus significado lo vuelven más ambiguo o directamente lo ocultan. De forma casi inmediata a su publicación empezaron a correr papeles con la explicación o interpretación de los Caprichos, y hasta hoy, que se sigue buscando.

Las estampas de los Caprichos son una «crítica en forma de sátira visual y textual, con intencionalidad educativa», y fueron el resultado de un trabajo muy meditado, sobre el que contamos con testimonios fabulosos de la evolución del pensamiento de Goya: de su mundo interior, que no asomaba en sus óleos oficiales, y sí en sus cuadernos de dibujos y colecciones de estampas, obras que no son fruto de encargos sino del impulso creador personal que caracteriza al artista moderno. Un mundo interior que está esperando la publicación completa del catálogo de sus dibujos por el Museo del Prado, todavía en curso. Quiso Goya que algunos de esos dibujos privados pudieran ser vistos por el público, no ya mediante pinturas sino mediante estampas grabadas, un procedimiento de imagen múltiple y seriada que prometía alcanzar mucha mayor difusión. Y escogió para ello técnicas de grabado más pictóricas que dibujísticas: el aguafuerte y el aguatinta, más cercanas a su destreza y sensibilidad.

La tradición satírica de la literatura española explica el impulso de Goya, que tituló originalmente Sueños, como los de Quevedo, ejemplo de una línea de sueños literarios, a una primera colección de dibujos. El Museo del Prado cuenta con algunos de ellos en la Colección de su sitio web, que se puede explorar con comodidad gracias al facetado del buscador. Allí se muestran la estampa definitiva del Capricho 43 y dos dibujos preparatorios distintos: en el más antiguo ─sin texto todavía─ es el rostro del autor el que se multiplica, y en el otro ─titulado El autor soñando─ son ya monstruos de la noche. Pero en el texto final grabado lo que se presenta como una afirmación ─El sueño de la razón produce monstruos─ es en realidad una pregunta: ¿la causa de los monstruos es que la razón duerme, como decreta la confianza ilustrada, o los monstruos son las pesadillas que causa la propia razón, desbocada? Esa pregunta fundamenta la modernidad. La respuesta es la razón goyesca. Si entonces la obra no alcanzó su público, dos siglos después, en nuestros días, cuando Europa vive una nueva guerra, sus preguntas se vuelven muy pertinentes y su público, la opinión pública que él quería contribuir a formar, nosotros, vivimos cada día escarmentados del sueño de la razón, pero a la vez este artículo es un intento de trasladar a nuestro ahora las preocupaciones educativas de Goya.

Diez años antes de la difusión de los Caprichos, en una carta a su amigo íntimo de la infancia, Martín Zapater, Goya le confiesa el giro que han vivido sus creencias y que provocó que su mirada cambiara: «Yo confieso que me aturdi al principio, pero ahora?, ya, ya, ya, ni temo a Brujas, duendes, fantasmas, balentones, Gigantes, follones, malandrines etc. Ni ninguna clase de cuerpos temo sino a los humanos, y al tuyo es el que mas quiere».

Postfacio

Helman reunió en el Apéndice II los tres principales comentarios manuscritos sobre los Caprichos de Goya, con explicaciones sobre su significado.

  • P Explicación del manuscrito del Museo del Prado, publicada por Sánchez Cantón en su edición de los Caprichos. Manuscrito que había pertenecido a Carderera. [Autógrafo «Explicacn. de los Caprichos de Goya escrita de propia mano»]
  • A Explicación del manuscrito de Ayala, publicada por el conde de la Viñaza en su Vida de Goya. Se llama así por haber pertenecido al comediógrafo Ayala.
  • BN Manuscrito de la Biblioteca Nacional, ms. 20558, núm. 23; inédito; debemos la noticia y la signatura de este manuscrito a don Gonzalo Menéndez Pidal [Explicación de los Caprichos Satíricos de Goya].

Este audio recoge mediante la voz sintética de Inés de Acapela la lectura oral de los letreros grabados o leyendas de las ochenta estampas y además las tres explicaciones de cada una, que se pueden escuchar de forma independiente o combinar con el disfrute de las imágenes de un ejemplar completo y de la misma época del libro de los Caprichos, una primera edición facsimilar digitalizada.

Francisco de Goya (1746-1828), Leandro Fernández de Moratín (1760-1828) y otros anónimos: «Letreros de los ‘Caprichos’ y tres interpretaciones sobre lo que significan» (55:46) (pr. s XIX), en Helman, Trasmundo de Goya (1963, Apéndice II), leídos por Inés de Acapela, voz sintética, editados por JFD (1 abril 2022).

Recientemente se ha publicado una obra monumental (Jacobs, 2019-2020) que pone orden en el entorno interpretativo sobre los Caprichos, las «sátiras de Goya», presentando de forma comparativa más de sesenta comentarios manuscritos y otros tantos tipográficos que ayudan a imaginar que para los contemporáneos, la colección de estampas se presentó como una colección de acertijos, sobre los que unos y otros jugaban a interpretarlos desde diferentes perspectivas. Es revelador que antes de la publicación, Goya repartiera entre sus amigos pruebas de estado de las estampas sin leyendas, y estos escribieron sus propuestas sobre ellas, para que finalmente el artista se decidiera a grabar las definitivas en las láminas. Desde el principio los Caprichos se concibieron como una combinación original de imagen y texto, donde la literatura se integra no por analogía, sino de forma plena, física, con la pintura. ¿Y esa multiplicidad de significados, esa búsqueda del más correcto no nos recuerda a otra obra que también se presenta como un acertijo para quién sabe enfocarla de ese modo? ¿No nos recuerda a Cervantes y su don Quijote que está a la vez cuerdo y loco y no solo una de las dos cosas? El siglo XVIII leyó la obra como novela filosófica, lejos de la interpretación jocosa anterior: de la risa se pasó al llanto. La risa de la sátira también ayuda a pensar. Esos amigos coautores de los textos de las leyendas podrían ser los miembros de una Academia literaria burlesca, la de los «Acalófilos o amantes de lo feo», fundada por Moratín. Queda por identificar con precisión a los autores individuales de los distintos textos manuscritos.


Referencias

  • Andioc, René (1999). Al margen de los Caprichos: las «explicaciones manuscritas. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2001.
  • Carrete Parrondo, Juan (1996). «Aproximación a los Caprichos de Goya». En Caprichos de Francisco de Goya. Una aproximación y tres estudios. Madrid, Calcografía Nacional; Barcelona, Fundació Caixa de Catalunya; Sevilla, Fundación El Monte.
  • Fernández Delgado, Javier (2016). «Cervantes con Goya: leyentes y mirones de caprichos y desastres». Letra 15. Revista digital de la Asociación de Profesores de Español «Francisco de Quevedo» de Madrid. Año III. Nº 06.
  • Goya, Francisco de (1799). Los Caprichos [1 álbum (80 estampas sobre papel verjurado): aguafuerte, aguatinta, punta seca y buril]. Edición encuadernada de la Biblioteca Nacional de España en Biblioteca Digital Hispánica.
  • Goya en el Prado (2012-2021), sitio web a día de hoy desaparecido, pero accesible en Internet Archive. Su información se ha integrado en la web de la Colección del Museo del Prado en la página dedicada al artista Goya.
  • Helman, Edith (1963). Trasmundo de Goya. Madrid, Revista de Occidente.
  • Jacobs, Helmut C. (2013). Los comentarios manuscritos del siglo XIX a los Caprichos: ¿desvíos o clave de interpretación del sentidooculto de los grabados. En Goya y su contexto: Actas del seminario internacional celebrado en la Institución los días 27, 28 y 29 de octubre de 2011.
  • ─(2019-2020). Los comentarios manuscritos sobre los Caprichos de Goya: edición, traducción e interpretación. Institución Fernando el Católico, Excma. Diputación de Zaragoza, 3 volúmenes.
  • Stoichita, Víctor y Coderch, Anna María (2000 [1999]). El último carnaval: un ensayo sobre Goya. Madrid: Siruela. Fue contestado por René Andioc (2003). Reflexiones acerca de Goya y del [pen]último carnaval
  • Vega González, Jesusa (2002, perdón). Goya, Los caprichos y el fin del sueño ilustrado. En La España del siglo XVIII y la filosofía de la felicidad y el orden. 2002. Madrid, Ministerio de Educación y Cultura, pp. 416-440. En línea. El artículo incluye al final una transcripción de la explicación de los Caprichos del Museo del Prado (P), seguramente del propio Goya. Dice del Capricho 43: «La fantasía abandonada de la razón produce monstruos imposibles: unida con ella es madre de las artes y origen de las maravillas».
Goya, comentario manuscrito al Capricho 43. Museo del Prado.